Volver, volver.

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Han pasado casi seis meses desde que te vi la carita por primera vez. En este tiempo no nos hemos separado ni un minuto al día, cada vez que has llorado mis brazos han estado ahí, cada vez que has querido mi pecho ha estado a tu disposición, cada vez que lo has necesitado sabías que mamá estaba cerca. Pero ha llegado el momento de empezar a tejer vidas independientes. No, no se puede decir que con seis meses ya no me necesites. Ni siquiera se puede decir que otros te cuidaran mejor que mamá por mucho cariño y/o profesionalidad que pongan en su trabajo. Y mucho menos puedo asegurar que sea la elección más acertada, porque precisamente decidir, implica precisamente eso, elegir entre opciones que tienen pros y contras. Sí, pequeño zascandil, mamá vuelve ya a trabajar. No es fácil, pequeño. Te aseguro que no es fácil ni para mí, ni para ninguna mamá.

Hay mamás, desafortunadamente muy condicionadas por presiones externas. La economía familiar a la que la mujer ha de ayudar y tiene que volver a trabajar en el momento en que finaliza el periodo de maternidad subsidiado. La situación laboral en la que la mujer ve peligrar su puesto de trabajo si se le ocurre pedir una excedencia (aunque muchas no lo tienen mejor si piden una reducción de jornada). Una cultura de empresa donde se exige a la mujer que mantenga su actividad laboral intacta tras ser madre. Un ambiente social y/o familiar que no entiende que después de que hayas estudiado una carrera, hecho un master, tengas un buen puesto, no sigas en el mundo laboral y te quedes en casa ejerciendo de madre a tiempo completo. Por eso, desde mi pequeño rincón quiero agradecer a todos aquellos jefes que entienden la conciliación laboral como algo positivo para el progreso de su empresa. Aquellos jefes que quieren para sus trabajadoras lo mismo que querrían para sus hijas. Aquellos jefes que han vivido su paternidad de un modo responsable y, sabiendo de las dificultades que pasaron las madres de sus hijos, hacen lo posible para que sus trabajadoras puedan ejercer el papel de mamá y profesional. A todos esos anónimos, que como las meigas haberlos haylos , gracias. Y mi más sincera solidaridad con todas aquellas mamás que se reincorporan al trabajo, no por decisión propia, sino por la amenaza de alguna de estas presiones externas.

Pero pequeño, aunque no exista ninguna presión externa a la hora de tomar la decisión de volver a trabajar, las madres somos esos seres que creamos presiones internas tan o más fuertes que las externas. Y es que si decidimos quedarnos en casa a cuidaros nos sentimos malas personas por no estar trabajando,  porque no somos nada “progres” sino unas marujas al cuidado de los niños. Pero a su vez, nos sentimos malas madres por ejercer nuestro derecho a elegir compatibilizar maternidad y carrera profesional porque parece que el hecho de dejaros al cuidado de otros es sinónimo de que no os queremos. Y sí pequeño, somos esos extraños seres que nos culpamos una y otra vez por no tener el don de la ubiquidad y estar en dos sitios a la vez sin renunciar a nada. Y somos esos seres, que nos despellejamos entre nosotras sin haber recorrido el camino con los zapatos de otra. Y somos quienes curiosamente, aunque nos culpabilizamos de todo, al final resulta que tenemos el don de que haciendo las cosas a nuestra manera, siempre lo hacemos mejor que las demás.

Como ves pequeño, no es fácil. Mamá vuelve al trabajo, sí. Y vuelvo dando gracias por encontrarme en ese pequeño grupo de mujeres sin presión externa alguna y, agradeciendo infinitamente a la vida por haber topado con un jefe como el que tengo en este momento. Y vuelvo porque me encanta mi trabajo, porque para mí es algo más que un simple trabajo, porque me llena y me ilusiona. Pero también vuelvo siendo consciente de que la separación no va a ser fácil. Que intentarás recuperar el tiempo que no estamos juntos, a destajo. Incrementando tus despertares nocturnos, tu necesidad de pecho, tus estancias en la cama de papá y mamá y, que mi paciencia tendrá que estirarse un poco más del límite, aunque en medio de la noche vea amenazante las manillas del despetador avanzando desafiantes hacia el amanecer y, aunque tus lloros de media tarde arruinen mi tiempo con tu hermana. Y sí, soy consciente de que me perderé tus sonrisas de las mañanas y alguna de esas “primeras veces” por no estar a tu lado. Pero no, no me siento peor madre que nadie, porque no existe la madre perfecta, sino un millón de maneras diferentes de ser una buena madre.

Zascandilerias es Tiempo en Familia. Experiencias con Niños. Creatividad Infantil. Divertirse Aprendiendo. Probar a Experimentar, Crear, Fallar, Transformar. Crecer jugando. Proporcionar una infancia llena de recuerdos.

Un comentario

  1. Hola ,quería decirte que ya algunas hemos tenido esa sensación, pero de verdad, que te tienes que quedar con la carita de felicidad de tú zascandiles es maravilloso cuando llegas de trabajar y te miran con esa carita tan maravillosa con esa sonrisa y abrazos y que no quieren separarse de ti es lo mejor que te puede pasar recuérdalo

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