A por la segunda vuelta

Hoy es un día especial.

Hace justo un año, tal día como hoy, la Tierra estaba en el mismo punto de su órbita alrededor del sol. Tal día como hoy, hace un año, en este mismo punto, llegaste a nuestra vida. Cada uno de estos 365 días han sido tu primera vez en este sistema de referencia en el que vivimos. Pero los años no dejan de ser un sistema de referencia arbitrario, y cada uno de miles de días que te quedan por delante, siempre serán una nueva oportunidad y, una primera vez para hacer lo que te apetezca hacer. Que nadie te diga jamás que eres demasiado pequeño o demasiado mayor para esa “primera vez”. Y espero que todas tus primeras veces las decidas tú, sólo tú. Y con la misma determinación y cariño que has demostrado en estos 365 días.

Y es que esa es la difícil lección que me has venido a enseñar: las primeras veces no se fuerzan, ocurren cuando uno siente que está preparado para afrontarlas.

El día que naciste fue premonitorio, como si ya desde el minuto cero quisieras dar cuenta de esa lección de vida. “Te sacamos” justo en la semana 40 con un chute de oxitocina, porque con tus 4 kilos y 53 cm, y sin ninguna contracción o indicio de parto, me entró un miedo enorme a que se complicaran tus últimos días junto a mí. Pero no era tu momento. Y así me lo hiciste saber. A pesar de estar dilatada completamente, te negabas a encajar tu cabeza. Te negabas a salir. Y lo querías dejar muy claro: lo que estábamos haciendo era porque nosotros lo habíamos decidido, no porque tú lo hubieras querido. Y al final, en un alarde de generosidad, y tras no sé cuantas posturas de “yoga” con una matrona y una ginecóloga  que ya no sabían qué hacer, tu cabeza se escurrió entre mi vientre y caíste en mis propias manos.

A los seis meses, si dejarte en la guardería ya fue duro, más duro fue ver que te negabas a comer, ni biberón, ni cuchara, ni BLW, …simplemente no era tu momento. Simplemente decidiste que tu momento sería un mes después, y desde entonces no has parado de disfrutar comiendo. A los nueve meses, aún no gateabas, más bien dabas vueltas y vueltas y más vueltas para llegar a los sitios. Te prometo que hice todo lo que se me ocurrió para estimulante. Tu obsesión por estar sentado observando y analizando con detalle todo lo que caía en tu mano me frustraba porque yo consideraba que ya tenías que gatear, hasta que decidiste que tu primera vez sería hace sólo un mes y, encima reptando como un marine de esos que salen en las películas. Nada de cuatro patas como la mayoría de los niños. Pero al final, te doy la razón. Tus maneras son tan válidas como cualquier otra y, tan válido como si hubiera ocurrido tres meses antes. Ahora con doce meses aún, ni siquiera te pones de pie por tí mismo, y sólo cuatro palabras marcan tu lenguaje: guapa, mama, papa, agua….Tranquilo, que ya empiezo a aprender la lección: tú marcas el tiempo, tú decides el momento, tú sólo quieres que yo esté a tu lado. Pero cariño a ver si, lo de dormir, que ya sé que dormirás del tirón y te despertarás a horas decentes cuando lo consideres, podemos hacer un esfuerzo y lo conseguimos antes de los tres años que tardó tu hermana, 😉.

Por el contrario me abruma y sobrepasa tu capacidad por querer conocer todo lo que te rodea. Sea lo que sea, desde una simple flor hasta una escurridiza mariquita, tus pequeños deditos lo cogen con una precisión asombrosa y una sutil delicadeza. Te lo cambias de mano a mano, durante minutos, mirando todas las perspectivas, todos los detalles, como si de un minucioso y concienzudo trabajo de ingeniero o artista habláramos. Tu capacidad por querer conocer al detalle es simplemente abismal. Tu capacidad de concentración y de observación me dejan sin palabras.

 

Y me sobrepasa tu eterna sonrisa. Y lo agradecido que eres cuando estás a mi lado. Cuando llegas a mis pies reptando y te cojo. Cuando dormimos juntos. Cuando te quedas enganchado en mi pecho. Y me marcas, me desmontas y me ganas con esos besos en la mejilla que de repente con siete meses me empezaste a dar aún sin decir mamá, demostrando que los gestos son más importantes que las palabras. Esos besos que me recuerdan que tú eres tú, eres Álvaro.

Y sí, es cierto. No tengo tanto tiempo para tí, como el que le dedicaba a tu hermana. Y no creo que jamás lo tenga, por motivos obvios. Y también es cierto que aunque quiera nunca tendrás tantas fotos y tantos vídeos de tus primeros años (aunque ya son muchos más de los que tuve yo 😉 ). Pero, pequeño eso no significa que no ocupes el mismo espacio que tu hermana en mi corazón. A cambio de un menor tiempo conmigo, tienes una hermana que te adora, y por la que sientes devoción. Lo sé, llegará el momento en el os tiréis de los pelos como buenos hermanos. Pero Míriam, lejos de aborrecer el haber sido destronada, se ha convertido en una mini madre para tí. Y vuestras risas y miradas cómplices me llenan el alma. No tendrás todo mi tiempo aunque siempre estaré aquí contigo. Tu mayor regalo, sin duda, será crecer a su lado.

Yo sigo aprendiendo. Tú sigue llenando tu vida de primeras veces, a tu tiempo y a tu manera, sigue asombrándote, sigue observando…y mientras tanto, ¿nos damos otra vuelta?.

Zascandilerias es Tiempo en Familia. Experiencias con Niños. Creatividad Infantil. Divertirse Aprendiendo. Probar a Experimentar, Crear, Fallar, Transformar. Crecer jugando. Proporcionar una infancia llena de recuerdos.

2 comentarios

  1. Olé, olé y olé , me encanta. Gracias por compartirlo con nosotros tus sentimientos y experiencias, es tierno y emotivo , gracias gracias y gracias, besitos para todos.

  2. Felicidades a tu zascandil pequeño y felicidades a ti por las palabras tan bonitas que le dedicas

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