Moneditas de oro

Jugar a hacer moneditas relucientes

Jugar y leer. ¿Qué más podemos pedir?.

 

Hay muchas maneras de incentivar la lectura, y con un fin tan loable, cualquier idea es buena. Nuestra manera de hacerlo es unirla a nuestras zascandilerias. Como dice Catherine L’Ecuyer:“Educar en el asombro es replantear el aprendizaje como un viaje que nace desde el interior de la persona”. Y es lo que intentamos hacer por aquí de una manera modesta. Además, al unir nuestras dos pasiones, estamos fomentando la transversalidad de materias tan dispares como las letras y las ciencias. Intento que los zascandiles no lo vean como algo antagónico. La verdad es que personalmente me molesta mucho cuando alguien me dice “es que soy de letras” o “es que soy de ciencias” como excusa ante su ignorancia.

Hoy os enseño una actividad para hacer a la vez que leéis cualquier libro donde las monedas brillantes de “oro” sean parte del cuento: “El gato con botas”, “La ratita presumida”, ” Las Habichuelas mágicas”, “Ali Babá y los 40 ladrones”, “El Rey Midas”, etc… El objetivo de esta zascandileria es hacer brillar una moneda como brillaban las de estos cuentos y que quede perfectamente reluciente.

Materiales
– Un cuento donde haya monedas brillantes.
– Tres monedas sucias
– Agua
– Jabón de las manos o lavavajillas
– Bicarbonato
– Un limón
– Exprimidor, cuchillo, tabla de cortar y un cepillo viejo o estropajo viejo.
-No hace falta tanta preparación química como las que veis en las fotos. Es que a Míriam le encanta su set de química ( deformación profesional de mamá). Unos tarros de cristal con tapa son suficientes.

Jugar a hacer moneditas de oro

El proceso

Primero léemos el cuento. Lo disfrutamos. Lo releemos. Incluso podemos leer toda una serie de libros de moneditas de oro y objetos relucientes.

Jugar a hacer moneditas relucientesJugar a hacer moneditas relucientes

Seguidamente buscamos las tres monedas más sucias que hayamos encontrado en nuestro monedero y se las presentamos al zascandil. Le preguntamos cómo las limpiaría para que fueran tan relucientes y brillantes como las del cuento que acabamos de leer. Seguid al niño con sus intenciones. Lo más probable es que os diga que con agua y jabón, pero si os plantea cualquier otra sugerencia, hacedlo igualmente para comprobar los resultados. Incluso podéis incluir el vinagre en la lista que os he dado. Éste debería funcionar como el limón.

Jugar a hacer moneditas de oro

(Olvidaros del ratón. Dije a Míriam que íbamos a hacer magia con las monedas y a la que me descuidé se trajo a su ratón mágico. Sólo es mostraros que las tres monedas estaban igual de sucias)

Se hace la primera mezcla. Para ello ponemos agua y jabón y sumergimos la primera moneda en la mezcla. Agitamos y sacamos. Se frota con el cepillo. Una vez repetido el proceso varias veces, dejamos la moneda en la mezcla durante 10 minutos. Se saca la moneda. La secamos y la dejamos en un “papel de observación”.

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Se prepara la segunda mezcla con agua y bicarbonato. ¿Por qué bicarbonato?. Pues porque es otro “limpiador casero” típico. Lo único que el bicarbonato es un limpiador tipo “cáustico”. Es decir no es un ácido, sino una base, aunque no tan fuerte como la sosa. Y toda ama de casa sabe que ciertos limpiadores sirven para unas machas, pero para quitar otras manchas hay que usar los otros limpiadores. Así, una vez preparada la mezcla, se sumerge la segunda moneda en la mezcla. Agitamos, sacamos y frotamos con el cepillo. Una vez repetido el proceso varias veces, dejamos la moneda en la mezcla durante 10 minutos. Se saca la moneda. La secamos y la dejamos en un “papel de observación”.

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Se realiza la tercera mezcla. En este caso con agua y limón. ¿Por qué limón?. Pues porque por su carácter ácido es también un limpiador casero, al igual que lo es el vinagre. Pero el limón huele mejor. 😉 . En estos caso, NO diluir.  El vinagre o el limón ya son un líquido. Se sumerge la tercera moneda en la mezcla. Agitamos, sacamos y frotamos con el cepillo. Una vez repetido el proceso varias veces, dejamos la moneda en la mezcla durante 10 minutos. Se saca la moneda. La secamos y la dejamos en un “papel de observación”.

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Y observamos las diferencias. Si todo ha funcionado, ¡perfecto!. Pero si vuestras monedas tenían mucha suciedad y no se ven bien las diferencias, repetiremos el experimento añadiendo un par de cucharadas de sal a cada una de las mezclas preparadas. ¡Entonces veréis como brilla la última!. (A nosotros no nos hizo falta añadir sal)

Jugar a hacer moneditas relucientes Jugar a hacer moneditas relucientes

(Lo que tiene tener el kit de experimentación. Que somos unos flipaos y hay que observar con lupa si la moneda brilla bien)

No hay duda, la única manera de tener una monedita reluciente y brillante como el oro, es limpiándola con zumo de limón (y si añadimos sal, mejor).

Jugar a hacer moneditas relucientes

Si los zascandiles son  mayores, preguntarles el porqué pasa esto.  Aquí os dejo la explicación para ellos. Las mezclas preparadas tienen respectivamente un  carácter neutro, básico (disolución-tampón) y ácido.  El oxígeno del aire oxida las monedas en su día a día, y las de 1, 2 y 5 céntimos de euro están recubiertas de cobre. El ácido cítrico del limón  es el único capaz de disolver la capa de óxido haciendo que la moneda reluzca de nuevo. Pero se trata de una reacción algo lenta. Si añadimos sal, ésta actúa como catalizador de la reacción favoreciendo y mejorando el proceso. Y si queréis más experimentos, ¿por qué no intentas dejar 24/48 horas la moneda en zumo de limón con sal?.¿Qué es lo que pasa entonces?.Esto ya es para zascandiles de bachillerato. Si alguno lo hace y quiere explicaciones las pondré en comentarios.

Si los zascandiles son pequeños, nada de explicaciones químicas. El simple asombro de haber fabricado moneditas de “oro”  relucientes y brillantes será ya todo un logro.

“Si llevas tu infancia contigo, nunca envejecerás”-Tom Stoppard.

Zascandilerias es Tiempo en Familia. Experiencias con Niños. Creatividad Infantil. Divertirse Aprendiendo. Probar a Experimentar, Crear, Fallar, Transformar. Crecer jugando. Proporcionar una infancia llena de recuerdos.

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